Bukhara lleva al espacio de estar una cierta idea del salón nómada, aunque con un pasaporte repleto de sellos. Su volumen redondeado, bajo y generoso, se construye mediante capas superpuestas que aportan profundidad al asiento y definen su perfil. Los flecos de la base añaden movimiento, memoria y un toque deliberadamente teatral, mientras que el centro ligeramente hundido invita a adoptar una postura más relajada sin perder la compostura. Un puf que puede encontrar su lugar junto a un sofá, delante de un sillón o en el centro de una estancia. Sin embargo, difícilmente se limitará a ser un simple apoyo para los pies. Bukhara posee el encanto de las cosas que han viajado, han sido descubiertas, elegidas y llevadas a casa por muy buenas razones.